jueves, 27 de marzo de 2014

Hay tantos TDAH...

TDAH

Al principio creí que era una moda; después me enteré, prestando atención a conversaciones de mi alrededor, que era un trastorno al que recurrían muchos psicólogos o psiquiatras para explicar ciertas características de los niños, pero que cuando es cierto que lo padecen deben ser muy atendidos.
Ahora sé que es un trastorno que dificulta muchísimo la integración en un aula siguiendo su ritmo ordinario de trabajo, sé que en la mayoría de ocasiones necesitan algún tipo de medicación para poder concentrarse y aprender, sé que necesitan mucho refuerzo por parte de los profesores para que sigan las explicaciones y tengan un desarrollo óptimo... Y sé también que es un trastorno incomprendido, desconocido o mitificado por muchos, ignorado por otros...

A mi aula asisten varios alumnos con TDAH. Se esfuerzan por superarse, pero en muchas ocasiones fracasan porque no les acompañan en ese esfuerzo. Otras veces van triunfando poco a poco, saltando obstáculos con ayuda de la familia y de los profesores que sí se han preocupado. 

En mi aula, concretamente, la maestra elabora unas medidas extraordinarias que aconseja seguir en todos los ámbitos para trabajar con el alumno. Esas medidas recogen muchos matices, cambios de metodología, cambios en la estructura de las actividades y exámenes... Da resultado, pero la evolución es lenta y no debe abandonarse.

También he notado que la maestra les estructura de forma ordenada, concisa y breve lo que deben hacer; que les deja caminar por el aula cuando hacen un examen, sí eso les ayuda a concentrarse; que les deja hablar entre ellos y con ella misma de la medicación que toma cada uno, para que no lo vean como algo malo o raro... La maestra de mi aula aprende mucho con ellos, aprende mucho con todos... y fracasa muchas veces, pero esto no hace más que darle fuerzas para seguir buscando.

Hasta la próxima.

domingo, 23 de marzo de 2014

Asperger, un mundo por comprender

Asperger

Como leí en una frase navegando por internet: para comprender a una persona con síndrome de Asperger, debemos conocer a la persona que está detrás. Conozcamos el síndrome, conozcamos a la persona. ¿Asperger, autismo, TGD...? Un cajón desastre donde no hay definiciones exactas ni varitas mágicas que hagan comprender el mundo por igual.

Los alumnos que han asistido a algunas de mis aulas con síndrome de Asperger, por ejemplo, son rotundamente literales, es lo primero que hay que entender. Todo lo interpretan de esa forma, no suelen comprender el doble sentido de las cosas, pero podrían llegar a entenderlos si les ayudamos. También suelen tener comportamientos obsesivos, extraños... suelen catalogarse como los "niños raros" de la clase.
Su lenguaje es aprendido, estructurado y, muchas veces, utilizan frases hechas y aprendidas en momentos concretos donde ellos creen que son oportunas, simplemente, porque así lo han aprendido, no necesariamente deben sentirlo de ese modo. Los sentimientos se expresan mucho más que con palabras y en este tipo de trastorno, se diferencian mucho más esas reacciones ante el entorno.

"Los sentimientos... ¡qué gran abismo por comprender! Las relaciones sociales... ¡un mundo tan difícil al que pertenezco! Además de todo lo académico y todo lo personal que de forma estándar aprendemos desde que nacemos, nosotros tenemos que aprender además a identificar, expresar y controlar, dentro de lo posible, de alguna manera, los sentimientos. ¡Es tan difícil!"

Recientemente se ha identificado en las redes a Sheldon Cooper, uno de los protagonistas de una serie de TV llamada Big Bang, a quien atribuyen el síndrome de Asperger como causa de su extraño comportamiento. Podría ser, o no podría ser; recordemos que tengan el trastorno que tengan, cada persona tiene una forma de ser diferente, tienen un carácter y unas cualidades que lo forman. También es esto importante a la hora de comparar.

Las comparaciones suelen ser muy continuas en las aulas. ¡Cómo las odio! Espero que vayan desapareciendo, aunque sea, poco a poco.

Primer dictamen

El primer dictamen de escolarización
Recuerdo muy bien la primera vez que asistió a mi aula un alumno con dictamen del EOE. Cuando tienen dictamen deben asistir a mi aula, normalmente es lo que se recomienda; también pueden aplicar una adaptación curricular, flexibilización de contenidos, de metodología... Ya hablaremos de esto. 
Bien, hablando del alumno nuevo. Tenía síndrome de Asperger y, aunque "había oído hablar de ello" en la carrera, empezó la maestra a ponerse al día. La verdad es que la carrera universitaria de magisterio hizo que la maestra de PT de mi aula tuviera la oportunidad de trabajar en un colegio y de iniciarse en el aprendizaje del mundo educativo, pues los conocimientos eran algunos, y la práctica, muy poca. Mucha teoría, demasiada... y poca práctica... Al menos hace unos 15 años. No quiero decir con esto que no se noten las clases y profesores competentes que pasaron por las aulas de la facultad que la maestra visitaba; también había de esto. También había profesores geniales cuyo conocimiento se basaba, en gran parte, en la vivencia personal y en la práctica de las teorías, y por otro lado, se palpaba el interés y la dedicación en la enseñanza universitaria.

Bien, que me pierdo, volvamos al tema. Nos quedamos en el síndrome de Asperger. Asistía a congresos, jornadas, hacía cursillos, leía muchísimo sobre el tema... Pero sólo ella. Algunos de los maestros que impartían clase a este alumno no mostraban interés por conocer más sus características, su manera de aprender, de actuar... Creían que todo eso era responsabilidad de la maestra de PT... ¿Por qué? El sentido común dice que debes atender de la mejor manera posible a cualquier alumno que pertenezca a tu aula, sea como sea. Pero en este, y en otros muchos casos venideros, no era así. Los tutores no se creían responsables de alumnos con síndromes o trastornos. Estos alumnos pasaban a ser "responsabilidad" de la maestra de PT (digo maestra como podría decir maestro). 
Afortunadamente, aunque en casos venideros se repitiera esta situación, también descendían el número de maestros que no se concienciaban de la nueva educación, de la inclusión verdadera. Ya hablaremos de ellos también, profesores geniales.

Asperger… Un nombre peculiar para un trastorno peculiar. Se me hacía grande, pero fui adaptándome a él. La maestra se esforzaba, se esforzaba… y a veces lo conseguía… pero con obstáculos, muchos obstáculos. Estos obstáculos iban desde sus propios compañeros hasta la ley de educación, tan variable, paradójica e inexacta.
Empezando por el entorno más próximo, la incomprensión ante el caso, el rechazo a cambiar metodología, rechazo a aceptar alumnos con diferencias, rechazo a cambiar su clase homogénea y rutinaria…
Obstáculo en el diagnóstico, un diagnóstico a veces confuso (en algunos casos), una realidad rechazada por la familia con miedo a que sus hijos sean desplazados, una realidad asumida por la familia entregada en exceso a su hijo pero no correspondida por su alrededor… Un asperger que no era asperger, un autismo que no era autismo…
Y encima de todo ello, la ley de educación. No daban respuestas concretas, no daban soluciones… Todo genial mientras está en el colegio pero… ¿qué futuro académico le espera a un alumno con dificultades? ¿Está todo definido desde el comienzo hasta el final? ¿Dónde está ese final?

No sé si alguno de los que leen esto llegará algún día a una de mis aulas pero que sepan que va a ser difícil, que tendrán que ir a contracorriente muchas veces, que no serán escuchados otras tantas, que tendrán sensación de fracaso y que esa sensación se convertirá en realidad en muchas ocasiones…


Para que todo esto se reduzca hasta la nada, aporto ésta, mi historia hasta ahora, para que podamos analizar, cambiar, rectificar, aprender… y seguir adelante, siempre seguir adelante.

martes, 18 de marzo de 2014

Un aula de minorías

Un aula de minorías

Enseguida comprendí que era un aula de minorías, unas minorías de las que todos protestaban, pero pocos ponían de su parte para comprender y apoyar. Esos pocos que ponían de su parte han ido creciendo a muchos en el día de hoy; aunque aún soy ese aula de minorías.
La formación que imparten en uno de los centros en el que estoy suele abarcar muchas técnicas nuevas, muchos avances en la educación (aunque muchas cosas que presentan como nuevas ya existían, sólo que nadie le había dado nombre o pocos lo llevaban en práctica). Esas nuevas metodologías (aprendizaje colaborativo, inteligencias múltiples, competencias...) son geniales, sobre todo, si se llevaran a cabo en las aulas... pero falta un poco atajar la intervención por el camino de la formación específica. Todo sería mucho más fácil, todo sería mejor, más satisfactorio, con resultados óptimos...

(Hay que preocuparse por saber cómo es el alumno que este año está en tu aula y tiene diagnosticado, por ejemplo, TDAH; hay que saber en qué consiste este trastorno, no sólo exigir soluciones ni actuar como si no tuviera ningún tipo de diagnóstico.)

Nací siendo un aula de minorías y lo sigo siendo. Minorías dentro y fuera del aula; minorías que se hacen notar cuando consiguen que una mayoría les escuche; minorías que trabajan el doble para poder conseguir la mitad; minorías que apenas trabajan porque para ellos está de más; minorías ya incluidas (y digo incluidas, no integradas como parece ser ahora la norma)  en el esquema predeterminado de enseñanza de este país.

Este aula de minorías que me autodenomino, se hace un lugar fijo, cada vez mayor en los centros ordinarios (en algunos más que en otros). He tenido maestras que no han sabido llevar mi nombre a un buen puerto, otras han dejado el listón muy alto... Compañeras, me voy haciendo camino...






sábado, 15 de marzo de 2014

Érase una vez, un aula de PT...

Érase una vez, hace ya varios años, en un rincón de un centro ordinario, nacía un nuevo aula, desconocida para muchos, dudosa para otros... Nacía el aula de apoyo a integración; ahora también llamada, aula de PT. Ésa soy yo. Bienvenido a mi historia, bienvenida a mis días, bienvenidos todos.

Al principio no sabía exactamente a qué me habían llamado, para qué estaba yo allí... Poco a poco fui comprendiendo mi papel en la educación; me he construido un hueco importante en los centros ordinarios y, ahora, creo que no sabrían seguir sin mí o, al menos, les resultaría muchísimo más difícil y no llegarían, tal vez, a los resultados esperados y perseguidos.

Recuerdo muy bien mis primeros días, sin apenas un aula adecuada, sin material, sin mobiliario, sin pautas a seguir... Fue un poco desconcertante entender mi labor exacta, mis responsabilidades.
Recuerdo que no estaba en un lugar accesible, factor importante en mi descripción, pues debo estar al alcance de todos. Recuerdo que el inspector de educación en aquella época insistía en que debía estar en otro lugar del centro, en otra ubicación a la que pudieran acceder los alumnos, sean cuales sean sus características y dificultades. Porque eso sí, los alumnos que asistían a mí (y asisten) suelen tener algún tipo de necesidad educativa específica que no pueden ser atendidas en su aula ordinaria.

El centro ordinario en el que empecé tenía mucha ilusión por mi progreso, estaba encantado con tenerme, pero no era aprovechada al máximo, aún existía un grado de desconocimiento que impedía mi desarrollo. Durante el primer curso parecía que era un aula en prácticas contratada como prueba y a la que no tomar demasiado en serio. Ese curso no me di a conocer demasiado, pues no tenía mucho trabajo específico que llevar a cabo y los casos que a mí llegaban eran sólo dificultades de aprendizaje, consecuencia en la mayoría de los casos, del poco esfuerzo del propio alumno.

Bienvenidos a mi historia, incompleta aún, inacabada e interminable...

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